El cerebro cuenta con su propio sistema de navegación para ubicarnos en el espacio y mantener la orientación en cualquier entorno. Esta capacidad está dada por conjuntos de neuronas que interactúan entre sí para formar mapas y sistemas de posicionamiento, los cuales nos permiten ubicarnos y desplazarnos en un espacio determinado. Hay cuatro tipos de células involucradas en este proceso, cuya ubicación se encuentran en el hipocampo. Las primeras son las células de lugar, descubiertas en 1971 por  John O’Keefe y Jonathon Dostrovsky en el hipocampo de la rata. Estas neuronas se activan cuando el sujeto se encuentra en una localización específica (un sitio fijo); son capaces de responder a la información del medio así como a la almacenada en la memoria.

El segundo tipo de células espaciales son las células de red, que fueron descubiertas en 2005 por Edvard Moser y May-Britt Moser, cuya activación se da cuando el individuo se desplaza de un lado a otro. Se piensa que estos tipos neuronales están involucrados en la formación de recuerdos. Para la percepción del rumbo direccional se encuentran las células de dirección de la cabeza (HD), que se activan selectivamente cuando la cabeza está en una orientación específica en el plano horizontal (descubiertas en 1973 por James Ranck). Finalmente tenemos a las células de límite, las cuales son las neuronas que indican la geometría del lugar y ayudan a determinar los límites de la zona en la que se encuentra el sujeto.

Por lo tanto tenemos que las neuronas que implementan los mapas espaciales son las células de lugar, las células de red y las células de límite, mientras que las células de dirección de cabeza pueden funcionar como una brújula neural.

Todas estas células interactúan de manera conjunta para crear un sistema de posicionamiento en el espacio.

 

Autor

Liliana Rivera

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